ESCRIBIR: UN ESPACIO PARA RECONSTRUIR LA LIBERTAD

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Isabel Vargas

Tú lápiz en el silencio hablas con la nada y en tu negra lengua cargas mis pasiones derramadas cual agua de tinaja en la mañana. Permaneces prendido a mi lado izquierdo en un bolsillo sin saber que eres el ruido de mi voz que me enciende y no se apaga. Que se enciende, que se enciende.

Nicolás Guevara

Hoy me siento invitada a sumergirme en la frescura que traen consigo las palabras. Hoy, de nuevo las palabras son mi motor de arranque, ellas me invitan a encontrarme conmigo misma, para poder nombrar y expresar mis sentimientos, para poder ser más YO misma.

En mi mente llueven un sinnúmero de palabras: libertad, desprogramación, tiempo, amor, ternura, sueños, esperanza, compromiso, satisfacción, presente, ilusión, agradecimiento, fortaleza, seguridad, sabiduría, paz, confianza, valentía… La lista es interminable, mientras esas palabras caen como llovizna dulce y suave en mi mente, en mis emociones y en mi cuerpo, construyo algunas frases:

  • “Escribir es un acto de libertad”
  • “El acto de escribir es un acto de creación de ideas”
  • “La mejor manera de aprender es escribir”
  • “Escribir es recrear la confianza”
  • “La página escrita es espacio de libertad, de construirse como sujeto”…
  • “Escribir me posibilita darle nombre a mis emociones y sentimientos”

Esas frases son mías y no lo son, son de todas y todos, van y vienen como las olas del mar, las escucho en los libros, en los profesores que he tenido, y en la dulce voz de mis amigas. Estas palabras y frases, me ofrecen compañía, compañía duradera, porque la palabra escrita perdura a través del tiempo.

Y es que la escritura es una invención maravillosa que la mujer, el hombre, la niña, el niño… ha creado para plasmar sus vivencias, expresarse, conocerse, hacerse sentir, recordar, simbolizar, y sobre todo encontrarse consigo mismo, dando nombre a sus pensamientos y sentimientos.

La escritura, sobre todo, es una invitación a construir la libertad, la libertad interior. Una libertad que se va gestando en la medida que somos más nosotros mismos, en la medida que descubrimos nuestros dones y talentos, y los ponemos en práctica. La libertad se construye cuando permitimos que nuestra palabra y la del otro se encuentren, cuando permitimos que las palabras bailen, sin prejuicios y dogmas.

Escribir nos ofrece la posibilidad de expresar nuestra propia voz, una voz que muchas veces ha sido acallada, porque pensamos distinto a como lo hace la cultura predominante. Cuando pensamos distinto “somos un peligro”.

Por eso, es urgente que nuestra palabra escrita se convierta en espacio de encuentro con nuestros propios ideales, con lo que somos, con lo que queremos ser y compartir con los demás. Es necesario que nuestra palabra escrita sirva de voz para aquellos que no tienen voz: los empobrecidos de nuestra sociedad, pero ¿quiénes son los empobrecidos?

Son nuestros familiares, vecinos, compañeros de trabajo… son aquellos que ni siquiera conozco, y que no son escuchados o tenidos en cuenta porque son “diferentes”, piensan y viven diferentes a como espera una parte de la sociedad.

La escritura es un medio para reconstruir nuestra propia libertad y la de los demás, es una ocasión precisa para reconstruir constantemente la libertad por la que hombres y mujeres a lo largo de la historia de la humanidad han luchado, y nos han legado como un tesoro que debemos acunar y defender. Hombres y mujeres que nos invitan a un permanente proceso de liberación.

Un hombre que nos recuerda la libertad y transformación que ofrecen las palabras escritas es Paulo Freire (1972), cuando dice:

“[…] Nunca pude entender la lectura y escritura de la palabra sin la lectura del mundo que me empujase a la reescritura del mundo, quiero decir, a su transformación […]”(p.125).

Una de las formas de continuar conquistando ese proceso permanente de liberación, es posible a través del análisis de nuestra propia realidad y la de los demás. Una realidad que nos habla, que nos grita y que podemos reconstruir constantemente cuando ponemos por escrito nuestra voz.

La invitación está abierta: ¡Cultivemos el espíritu creador y liberador a través del poder y la fuerza que ofrece la escritura!

Referencia bibliográfica

Freire, P. (2005). La educación en la ciudad. Segunda edición. México: Siglo XXI Editores S.A.