SER DOCENTE EN LA ESPECIALIDAD: DESAFÍOS Y RETOS

sin-titulo

 

MSc Islen Rodríguez

Profesora de la Especialidad en Educación Inicial

irodriguez@soseducativa.org

 

 

SER DOCENTE EN LA ESPECIALIDAD: DESAFÍOS Y RETOS 

Lo primero es agradecer la oportunidad dada, la de iniciar en INTEC el trayecto de la docencia en los programas de Especialidad. Soy egresada de este programa de especialidad del INTEC, y, además de sentirme muy orgullosa y muy satisfecha de todo lo aprendido durante el tiempo que fui estudiante de esta especialidad, me siento en todos los sentidos, honrada.

Todo el que se involucra de una u otra forma con INTEC, está comprometido con “asumir el reto”. En el caso de los docentes, es un doble reto; el compromiso de facilitar el desarrollo de competencias en los participantes y el compromiso de reconocernos entes en constante crecimiento, generadores de cambios positivos.

Como profesionales de la educación, estamos llamados a ir más allá de la mera racionalidad pedagógica, trascendiendo formas y metodologías para entonces: Llegar más allá de la meta (Bárcena, 2005); Conocer las necesidades de cada uno de los estudiantes, identificar sus limitaciones para -desde las mismas diseñar- y disponer de mediaciones que además de favorecer los propósitos planteados ayudarán a fortalecer las potencialidades de cada una de las participantes, considerando a la vez sus diferencias individuales; Recrear escenarios en los que, bajo un ambiente de armonía y respeto, el aprendizaje surgiera a partir de fundamentaciones teóricas que no impedían que la construcción de conocimientos se hiciera de forma colaborativa y divertida; Propiciar el disfrute de experiencias que nos ayuden a tener paz en medio de la incertidumbre, de las ambigüedades, de los desacuerdos; a convivir en la diversidad; Modelar con el propósito de aprender a mirar, a escuchar, a pensar, a sentir, a imaginar, a creer, a entender, a elegir y a desear.

Cuando una persona decide realizar una especialidad es probable que desee enriquecerse y desarrollarse de una forma más profesional, científica, y humanística. También, los estudios de postgrado vienen a perfeccionar habilidades de la formación de grado que muchas veces resultan ser un trampolín para obtener ascenso profesional. No obstante, para lograr este ascenso y este desarrollo, debemos reconocernos como resultado de una historia; una historia que, lejos de estar atada a los planes y a programas ya establecidos, es un fruto del comienzo constante.

Es así como durante este año, cada uno de nosotros floreció a su ritmo, a su modo, y, en su propia esencia materializó y continuará materializando cada aspecto del programa formativo de la especialidad, bajo una sombrilla que refleja su esfuerzo y determinación por hacer las cosas de manera distinta a como las realizaba antes de iniciar esta especialidad.

En mi caso, mi experiencia como docente de esta Especialidad en Educación Inicial me desafió a descubrir el brillo que cada una de estas participantes tiene; me hizo visualizar y proyectar su éxito personal y académico y me recordó la importancia que tiene que confiemos y tengamos fe en su progreso.

En el ámbito educativo, tradicionalmente, la dinámica de clase admitía un distanciamiento entre aquel que enseña y aquel que aprende; Presuponía la existencia de una autoridad que debía ser ejercida por quien “enseña” sobre el que “aprende”. Una autoridad que se fortalecía con encontrar las falencias, las debilidades, “lo que no debe ser”. Con hacer un altar a las cosas que andan mal. Muchos de nosotros somos de esa escuela. Yo fui formada bajo esos criterios, y es por esa razón que descubrir el brillo de cada una de estas participantes, para mí fue un desafío.

Para ello hubo que resistirse a la tentación de hacer señalamientos y correcciones para, por el contrario, hacerse una espectadora activa, una observadora que aprecia los detalles y lee de una manera comprensiva y benévola, las razones y los porqués de las acciones, reacciones, las actitudes, las interacciones, las producciones de cada una de estas egresadas. Para descubrir este brillo también hubo que cuestionarlas acerca de sus planteamientos y posturas, problematizar sus creencias; desequilibrarlas para motivar en ellas una duda reconstructiva de su propia episteme.

Por otro lado, pudiera resultar contradictorio plantear que una se ha convertido en observadora y a la vez, sugerir que se ha visualizado un resultado exitoso. La explicación a esto, alude precisamente a la confianza y a la fe en ellas como agentes que transforman de manera positiva su realidad y también a la posición de guía orientadora-facilitadora que asumimos en el proceso de reconstrucción de saberes; un rol observador diligente.

En cierto modo el éxito no tiene límites, pero cuando nos referimos a éxito académico necesariamente lo tenemos que relacionar a resultados concretos. Como docentes nos hacemos una proyección de las competencias de egreso y es el desarrollo de las mismas lo que queda establecido como punto que referencia la finalización victoriosa del proceso.

Dirigimos nuestras intervenciones hacia ese punto: preguntas, estrategias, recursos, materiales, sustentaciones e interacciones se convierten en un conjunto de mediaciones diferenciadas que permiten que el participante, a su modo, demuestre las habilidades y las destrezas que le hacen ser competente. Porque como ya sabemos, las competencias no se aprenden ipso facto.

En cuanto a lo complejo que -en mi opinión- resulta apropiarse del crecimiento de un grupo de personas, confieso que resultó muy difícil el concebir períodos que estuvieran articulados entre ellos y que estuvieran basados en una concepción de formación ecológica que a la vez que partiera del contexto individual y las necesidades particulares de cada una de ellas, estuviera orquestado sobre principios de justicia, equidad y comunidad.

De igual modo, por los intríngulis que definen la acreditación de estos programas, sobre todo en una institución prestigiosa como lo es INTEC, lo común es que los esfuerzos sean separados, que compitamos por obtener “buenas calificaciones”. Es quizás que, principalmente por esto, favorecer la convivencia, la aceptación de lo diferente y la colaboración entre ellas resultó ser un reto muy complejo.

Para no extenderme más, quedaría pendiente en la asignatura de Educación Artística, repensar un programa que nos haga disfrutadores. Que como docentes del nivel inicial nos lleve a preocuparnos menos de los contenidos y ocuparnos más del diseño de espacios para que nuestros niños y niñas puedan tener experiencias centradas en el placer y goce de vivirlas; que seamos instrumentos motivadores de carcajadas, mediadores de lágrimas de alegría. Dedicarnos a despertar la curiosidad creadora a partir de momentos de expresión desmedida de ideas, de sentimientos, de la propia imaginación; impulsar a que, a través de las vivencias de procesos creativos y de propuestas artísticas, todos se sientan dichosos, agradecidos y felices.

Finalizo estas palabras, reconociendo el arduo trabajo que realizan mis colegas, compañeras de profesión. El aliento a continuar con esta hermosa labor enviándoles muchos sentimientos y pensamientos positivos, energía y les invito a reunirnos para fortalecernos intercambiando ideas y experiencias, no solo como docentes, sino también como personas. Que podamos hacer una comunidad que celebre a cada uno de sus miembros y que más que disertaciones teóricas (que siempre son necesarias), nos reconozcamos como mejorables, y nos cultivemos en una práctica compartida que resulte ser un elemento que nos brinde confianza y seguridad en esta faena repleta de incertidumbres.

Así mismo, exhorto a que nos miremos desde adentro, a trabajar nuestra interioridad, porque como bien lo dice Urbieta, “…el interior es el lugar privilegiado para conocer e interpretar el mundo exterior”. Que tengamos desde allí una mirada libre y responsable que nos ayude a comprender que los momentos de dificultad son oportunidades de crecimiento, que después de la tormenta viene la calma y que la vida se trata de reinventarnos, levantarnos y, de forma persistente, renacer. Nos invitó a mirar cada día sin culpa, sin esperar perfección, a mirarlo con grata satisfacción.

Muchas Gracias.

Referencias Bibliográficas

Bárcena, Fernando (2005). La experiencia reflexiva en educación. Barcelona: Paidos.

Urbieta, Juan Ramón (2006). El regalo de sí mismo, Educarnos para educar, Madrid, España, Narcea, S.A.