LA NARRACIÓN: UN HOGAR PARA TRANSFORMARNOS EN EL TIEMPO

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Isabel Vargas

El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro.

Aristóteles.

Los textos narrativos se puedan encontrar en todas las culturas, en todos los niveles de la sociedad, en todos los países y en todos los períodos de la historia. Este hecho, nos confirma que la misma forma parte inherente del hombre, de la mujer, del niño, de la niña, del anciano, de la anciana. La narración, por lo tanto, es una estrategia que los seres humanos utilizamos para poder reconquistar el lugar de la imaginación, de la fantasía, de la espontaneidad, de las emociones…

A través de la narración hacemos uso de un lugar-hogar simbólico, donde se ponen en escena nuestros deseos más profundos: el deseo de ser el personaje principal o unos de los personajes secundarios de la historia, descansando, de este modo, en la historia de otros, porque ellas responden a nuestras necesidades y nos ayudan a salir airosos de nuestras experiencias reales.

Tan importante es la narración, que existe una disciplina especializada en ella como objeto de estudio: la narratología, la cual nos ayuda a comprenderla mejor: Esta hace referencia a la teoría de los textos narrativos, de manera especial de los literarios, una de sus máximas representantes es Mieke Bal (1990), que acerca del texto narrativo nos dice:

“Un texto es un todo finito y estructurado que se compone de signos lingüísticos. Un texto narrativo será aquél en que un agente relate una historia. Una historia es una fábula presentada de cierta manera. Una fábula es una serie de acontecimientos lógica y cronológicamente relacionados que unos actores causan o experimentan. Un acontecimiento es la transición de un estado a otro. Los actores son agentes que llevan a cabo acciones. No son necesariamente humanos. Actuar se define aquí como causar o experimentar un acontecimiento.” (p.13)

La esencia humana es básicamente narrativa, por eso, los textos narrativos forman parte muy importante de la vida, posibilitando la expresión de ideas, sentimientos…de la comunicación en general. Nos permite transitar por las diferentes etapas de la vida y comprender el mundo, las sociedades, su funcionamiento…Por tal razón, día a día en nuestras conversaciones narramos nuestras propias historias y las de los demás. Así para Van Dijk (1996) con el texto narrativo:

“Se hace referencia, en primer lugar, a las narraciones que se producen en la comunicación cotidiana: narramos lo que nos pasó (…) recientemente o hace tiempo” Por tal motivo, la “narrativa natural” se refiere a narraciones sencillas, que dependen de la situación conversacional. Junto a este tipo de textos naturales, aparecen, en segundo lugar, los textos narrativos, “también propios de la narrativa natural”, que apuntan a otro tipo de contexto: los chistes, mitos, cuentos populares, las sagas, etc. (p.153)

Vemos así, con las citas anteriores, que en la narración se dan unos elementos esenciales que nos permiten acercarnos a ella para identificarla: alguien que cuenta lo que ocurrió, que cuenta la historia, es decir, un narrador, que presenta unos acontecimientos que son vividos por unos actores. Así, el narrador va presentando una historia que se desarrolla en un tiempo y en un espacio.

En la narración se presentan unos acontecimientos que como se ha dicho, a su vez están acompañados de la noción de tiempo, de un tiempo que es determinante en la historia, que no es estático, sino que avanza, y avanza porque los personajes o actores experimentan cambios y transformaciones que forman parte esencial de sus vidas.

El tiempo en la narración, como elemento determinante del rumbo o giro que toma la historia, refleja nuestra posición y condición humana respecto a la temporalidad. “La frase, el texto secuenciado, el argumento y el proceso hermenéutico de la interpretación son distintas fases de un continuo narrativo cuya fundamentación última es la temporalidad humana” (García, 1998, p.383). La narración nos sumerge en algunas frases como estas: “hace mucho tiempo”, “había una vez”, “pasó un largo tiempo, “luego de tres meses”… Frases que nos invitan a atravesar y a vivir cada momento con pasión y entrega. Es un llamado también a disfrutar el tiempo, ese que vivimos en las historias reales, en nuestro día a día, a transformarnos en él. A colocarlo en un lugar donde esté al servicio de los hombres y no los hombres al servicio de él.

Luego de expresar algunas consideraciones sobre el tiempo en la narración, presento ahora algunas ideas sobre el espacio y el papel que éste juega en las acciones de los personajes.

El espacio es el marco físico creado por un ambiente natural, geográfico y social donde se ubican a los personajes que desarrollan las acciones y que influye en el estado anímico de los mismos, produciéndoles sensaciones de alegría, tristeza, miedo, aventura, paz… Las transformaciones que experimentan los actores se deben a que sus acciones sean o no realizadas en el momento y en el espacio adecuado. En este sentido, para Van Dijk (1996):

“La primera característica fundamental del texto narrativo consiste en que este texto se refiere ante todo a acciones de personas, de manera que las descripciones de circunstancias, objetos u otros sucesos quedan claramente subordinadas. Esta característica semántica de un texto narrativo se junta con otra de orden pragmático. Un texto narrativo debe poseer como referentes como mínimo un suceso o una acción que cumplan con el criterio de interés. Si se convencionaliza este criterio, se obtiene una primera categoría de superestructura para los textos narrativos, la complicación. (p.55).

Van Dijk nos confirma la idea de que las acciones de las personas son el elemento esencial de la narración, pero a su vez añade un elemento interesantísimo y es que, necesariamente la narración se hace acompañar de la descripción, dándole belleza y mayor sentido a ésta, permitiéndonos adentrarnos cada vez más y conocer cómo es cada personaje, cada ambiente, cada objeto…

Mientras nos vamos adentrando en cada acción o suceso surgen oportunidades, peligros, búsqueda de soluciones…me refiero a lo que Van Dijk (1996) le ha llamado complicación. Según lo que él mismo considera, a partir de la complicación se da una dilución o resolución. Veamos qué piensa al respecto:

“Con las dos categorías: complicación y resolución ya disponemos del núcleo de un texto narrativo. Llamaremos suceso a este núcleo conjunto. Cada suceso tiene lugar en una situación determinada y en determinadas circunstancias. Denominaremos marco a la parte del texto narrativo que especifica estas circunstancias. El marco y el suceso juntos forman algo que podemos llamar episodio. Dentro del mismo marco pueden darse varios sucesos, la categoría suceso es recursiva. Lo mismo vale para el episodio: los sucesos pueden tener lugar en sitios diferentes. Esta serie de episodios se llama trama del texto narrativo”. (p. 55)

Estas ideas nos confirman que ante cada texto narrativo esperamos una resolución, un fin que se hace acompañar de las polaridades que nuestras propias vidas experimentan, es decir, de nuestras actitudes de conflicto-alivio, esperanza-desesperanza, miedo-paz, encuentros desencuentros, vida-muerte… “La clausura narrativa tiene relación no sólo con una plenitud de sentido, sino también con la muerte. Todo final es una pequeña muerte”. (García, 1998, p.383).

Vivir cada episodio en el tiempo en que es presentado nos tiene que hacer verdaderamente humanos. Hay un tiempo que transcurre materialmente u objetivamente, un tiempo que es medible, cuantificable, es el de las 24 horas, pero hay otro tiempo que está dentro de nosotros que es subjetivo, es el que se vive con intensidad, donde las horas pueden parecer minutos, porque es tanto lo que se disfruta y se saborea que pareciera que pasa rápidamente, es el tiempo de los sueños, del disfrute, de la esperanza, el tiempo de los recuerdos. Ese es el que nos trae la narrativa porque “El significado narrativo resulta de un proceso cognitivo que organiza la experiencia en episodios temporalmente significativos. (Contursi y Ferro, 2000, p. 24)

Hasta aquí, he transitado algunos aspectos de la narración de la mano de Mike Bal, Teun Van Dijk, María Contursi, Fabiola Ferro y José García. Junto a ellos, hemos comprendido algunas de las características que nos posibilitan identificar un texto como narrativo. Textos que nos reflejan el gusto por las historias, ¡y es que no existe un pueblo sin relatos! El relato es de todos y todas, trasciende las culturas, nos une, da un significado vital a la experiencia del niño, de la mujer…

¡Continuemos dejándonos seducir y enamorar de cada texto narrativo y transformémonos a través de él, en mejores personas, mejores seres humanos!

Bibliografía

  • Bal, Mieke. (1990). Teoría de la narrativa. Introducción a la narratología. Madrid: Ediciones Cátedra.
  • Contursi, M. y Ferro, F. (2000). La narración: usos y teorías. Argentina: Grupo Editorial Norma.
  • García, J. (1998). Acción, relato, discurso: estructura de la ficción narrativa. Salamanca: Ediciones Universidad Salamanca.
  • Van Dijk, Teun. (1996). México: La ciencia del texto. Paidos Comunicación.