Lo Natural No Es Natural

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Cecilia Corporán

Se nos fue el cansancio, se nos olvidaron las horas y horas de carreteras, cuasi calles y caminos vecinales, pasado un mes del levantamiento de la caracterización de las infraestructuras de los centros de la Regional 03 de Azua. Miro las miles hojas de informes sobre la situación de esos locales, edificios, casas, casuchas, o simplemente la ruina de lo que en algún momento fuera el bar del pueblo…, y revivo el recorrido hecho con el equipo por esos paisajes tan hermosos, refrescantes y casi paradisiacos; clima fresco, árboles frondosos que se mueven cual bachata de Juan Luís Guerra… ¡Sí, hermosas comunidades!

Pienso en todos esos panoramas como sacados de la más perfecta acuarela; natural los árboles, natural el río y los meandros que describe en su cauce, natural el rocío tierno de las plantas pequeñas, natural la neblina que da pasos a los débiles rayos de sol… También naturales las personas que habitan en esos lares, sin pinturas, sin poses, sin zapatas ni vestidos de moda, y algunos niños y niñas descalzos o con simples chancleticas de goma.

Una compañera, con la inocencia de una citadina, dijo:

  • ¡Qué hermoso lugar, es el paraíso!

Un señor de sombrero ajado por el tiempo y el maltrato, nerviosamente se lo colocaba en la cabeza, debajo del brazo, de nuevo en la cabeza…, de manera cíclica, como juego que le hace pasar el tiempo, que en ese momento estaba de seguridad del centro educativo, le contestó:

  • ¡Pue, quédese, le cambio toda eta tierra por una casa alquilada en la capital, pero con trabajo! –Tras este breve comentario, el señor dio la espalda y se marchó.

En ese momento comencé a ver con otros cristales lo natural de esos lugares…

Al llegar al próximo centro ya no quise hablar, solo mirar, observar, escuchar…. Mirar que dos niños compartían su único alimento a las dos de la tarde, un plátano hervido… Observar que en una comunidad algunas niñas eran madres de otras niñas, o de otros niños, sin ningún desparpajo… Porque es natural que las mujeres paran, ¡pero no las niñas!

Observar que en una comunidad el último grado llegaba a sexto, donde los niños y niñas que finalizan este grado, lo repiten y lo repiten…, sentía como si mis ojos crecían y crecían…

Pero escuché que esa misma escuela, donde los niños y niñas repetían el grado por no perder la costumbre, el profesor y la comunidad, por iniciativa propia, ampliaron a dos cursos más, tomando una casa prestada y construyendo otra aula con tejamanil… Agudicé los sentidos, y pude conocer otro docente que encontró 13 niños mayores de 12 años sin alfabetizar porque eran jornaleros en los conucos de sus familias; se dedicó a darles clases después que salían de sus trabajos, hasta lograr alfabetizarlos… Se asomó una sonrisa a mi cara al darme cuenta que lo no natural es tan natural…, que hasta se puede cambiar y no estamos tan perdidos y perdidas en el camino de las utopías, como refiriera Galeano…